jueves, 20 de agosto de 2009

MATEO 22, 1-14

‘Mi banquete está preparado

“El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir. De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: ‘Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas’.

Nuevamente, en le Evangelio de san Mateo, se nos presenta un invitación de salvación, pero ahora con un carácter nupcial. Jesús se dirige a los sumos sacerdotes y fariseos, diciendo esta parábola: “El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo”. El rey, es Dios, y el Hijo es Jesucristo. El banquete esta preparado, es decir la alegría y felicidad del Reino. Y continúa la parábola: “Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados”.
Esto servidores son los profetas, y a quienes les van avisar como invitados es a los judíos, y añade: pero éstos se negaron a ir. De este modo fue como después envió a otros servidores, es este caso los apóstoles, con el encargo de decir a los invitados: "Mi banquete está preparado”, El banquete es la felicidad mesiánica. Si embargo observamos que estos invitados no se dieron cuenta o despreciaron que el banquete era la salvación y quien la traía, era el mismo Hijo de Dios.

El banquete nupcial está preparado

Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron. Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. Luego dijo a sus servidores: ‘El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren’.

Frente a una gran fiesta, era esperable una buena concurrencia, pero sucede que se presentan imprevistos, los invitados no se interesan por participar de la invitación.

Profundizado en la parábola, sabemos que esta se refiere a la historia del pueblo judío, ellos son los que no quieren participar del banquete, entonces los nuevos invitados son el nuevo Israel, los paganos, los cristianos.

Esta parábola nos demanda a cada uno de nosotros en particular. ¿Nos damos cuenta que somos invitados a un fiesta por el Señor?, Pareciera que muchas veces no le damos importancia, en todo caso, nosotros tenemos libertad de aceptar o rechazar una invitación. Sin embargo lo triste, es que frente a ciertas invitaciones, muchos no logran darse cuenta de la importancia que tiene y siempre tiene una buena excusa, y buscan alguna justificación que parezca sensata, pero se trata de justificaciones armadas con el engaño a si mismo, ¿de que le vale esto?

Por otra parte también es triste, saber que otros invitados están preocupados de muchos problemas o situaciones que acaparan su atención o consideran que es más importante que la fe y con ello renuncian a la posibilidad de participar en la Vida Eterna. Es en muchos casos la actitud del que esta convencido de que no necesita de Dios o de la salvación. También hay otros/as que están preocupados de conseguir solo bienes terrenales, frivolidades y situaciones faranduleras, entonces les resulta perder el tiempo pensar en Dios.

Y podemos concluir a través de esta parábola, que nuestro Señor Jesucristo nos quiere enseñar como Dios hace todo lo necesario para que vayan muchos invitados a su fiesta, gente de toda índole, no hay distinción ni por raza, ni por su situación socio-económica, sexo o edad, si es bueno o si su conducta es reprobable.

Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos

Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados. Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. ‘Amigo —le dijo—, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?. El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: ‘Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos”.

Así es, como nuestro Señor Jesucristo nos quiere enseñar como Dios hace todo lo necesario para que vayan muchos invitados a su fiesta, gente de toda índole, no hay distinción ni por raza, ni por su situación socio-económica, sexo o edad, si es bueno o si su conducta es reprobable. Pero del mismo modo, el nos advierte que no todos serán elegidos y una de las condiciones, depende de cómo llegue en su actitud el invitado, porque este puede ser un pecador que ha asumido de corazón el arrepentimiento y busca la gracia de Dios, con la esperanza de su bondad y misericordia y el Señor que ve los corazones, sabrá bien como atender con amor compasivo. Como también puede suceder, que alguien crea que va revestido de gran bondad, pero su corazón no abandona la soberbia y no tiene amor por sus hermanos sin distinción y solo lo hace por los que el estima semejantes, entonces puede que no sea favorecido, porque muchos son llamados, pero pocos los elegidos.

Por tanto hay que animarse ardorosamente en procurar una invitación, como la que nos hace el Señor, en la cual es un gran honor ir a vivir en su intimidad, pero no nos bastará responder, también es preciso la entrega sin reserva.

Te pido Señor, no caer en excusas sin sentido cada vez que me invitas a participar a tu fiesta a alimentarnos con tu cuerpo y tu sangre, que no me domine el orgullo ni la soberbia, que no caiga en el entusiasmo por cosas mundana a cambio de las celestiales. Dame Señor, una vida en la cual tenga siempre las debidas disposiciones espirituales, es decir una vida de gracia y rectitud, para poder llegar a estar entre tus elegidos.

De corazón

Pedro Sergio

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