domingo, 9 de agosto de 2009

MATEO 16, 24-28

Que tome su cruz y me siga.

El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla?

El Evangelio y en general la Escritura nos exhortan a la alegría y, asimismo, a aceptar el sufrimiento, la cruz, inseparable del seguimiento de Jesús. ¿Tengo experiencia de ambas realidades? ¿Sé armonizarlas en mi vida?

A nadie le gusta sufrir. Pero el sufrimiento viene sin que lo busquemos. Todos podemos hablar de nuestra cruz de cada día. También de la lucha por “detrás de Jesús” en medio de una sociedad que piensa y vive lo contrario.

En este Evangelio, Jesús nos anima a seguirlo, a poner nuestros pasos en sus huellas. Jesús nos invita a superar nuestro egoísmo, a tomar nuestra cruz y a dar la vida por su reino. La recompensa será enorme.

Y quien sigue a Cristo tiene que aceptar no sólo la cruz de Cristo, sino la propia. Lo dice Jesús en seguida para hacer comprender a sus discípulos que sería una ilusión pensar en seguirlo, pero sin llevar con él la cruz: “El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.” ¿Después del pecado, es éste el único camino de salvación para los individuos y para la humanidad entera?

Entonces dará a cada uno lo que merecen sus obras.

Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces dará a cada uno lo que merecen sus obras.

A cada uno se nos dará según haya sido nuestra conducta, esa es nuestra esperanza, es lo que nos aguarda cuando sea la venida del Hijo del hombre, ¿Cuándo?, al final de los tiempos. ¿Será este el tiempo de la justicia?

Algunos de los aquí presentes no morirán

Yo les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán, sin haber visto primero llegar al Hijo del hombre como rey. ¿Qué nos avisará Jesús en esta frase?, el Señor estaba presente en medio de mucha gente, ¿pero que significa este aviso?

Jesús debía padecer y morir, ese era el Plan de Dios, pero ese sufrimiento había de ser la causa de nuestra salvación.

A Pedro le ocurrió que no entendía las cosas de Dios, del mismo modo, por no situarnos en el Plan del Padre, se nos hace difícil entender sus obras. Tenemos necesidad de despojarnos de los criterios del hombre y adoptar solo y únicamente el de Jesucristo.

ORACIÓN

OH mi Jesús Amado, por cierto que anhelo seguirte por siempre, es todo mi deseo, vivir contigo, pero ya sabes, no me es fácil convencerme de ese espíritu de renuncia, de abnegación, aunque comprendo que la Cruz es la meta. Pasamos momento difíciles, angustiosos, donde hay mucho dolor, pero ante todo, solo quiero una palabra en mi mente, “El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”. Por eso mi amado Jesús, frente a nuestra debilidad, frente a esa cruz demasiada grande para mí, regálame mucha fuerza, te ofrezco todos mis padecimientos, y ayúdame a unirme a ti y como prueba de mi amor por ti, haré cuanto pueda para no abandonar el camino de la cruz. A cambio, de de renunciar a mi mismo, nada quiero pedir mas que amarte, mi amado Jesús
De corazón
Pedro Sergio

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